domingo, 30 de septiembre de 2007

Mi estadía en un triste y abyecto cuartel

Al decir verdad, no quise vivir en Estados Unidos. Sabrían lo de mi acometido y justo volvería extraditado a este país. Por eso dije que renunciaría guacamole al periodismo en general. Si supieran que yo fui un paramilitar activo, ¿me dejarían libre? No. Nadie en todo el mundo deja libre un guerrillero y más si vuelve a las andadas. Por eso renuncié. Para vivir con la guerrilla, con quienes me familiaricé en mis reportes que hice para el desaparecido Noticiero Nacional. Por eso, decidí renunciar, renunciar "guacamole".

Ampliemos este proceso sobre mi entrada a un lúgubre batallón donde no me iría bien, de ahí mis vínculos con los grupos guerrilleros, y ahí mismo me le fugué a los altos mandos para pasar de ilegal; Y así, Rodrigo Turbay Cote se queda sin continuación. Mi lugar de partida fue la Cuarta Brigada de Medellín, un batallón muy roñoso al que fui a parar, y desde ahí me mandaron a Tolemaida. Era un galpón inmenso de muchachos. Cientos, cientos de muchachos de Manrique, San Javier, Belencito Corazón, San Cristóbal, Aranjuez, Pedregal y Castilla, reclutas que nos presentábamos a ver si servíamos (o mejor, si no servíamos) para el servicio militar. Un cabito arrogante (cuál no) ordenaba a gritos con voz chillona: que firmes, que en marcha, que media vuelta, que saque pecho, que marchen, que ar, que esto, que lo otro, que fuerarropa. Y a obedecer, rebaño. A desvestirse todos poniendo la humilde ropa sobre el humilde piso frente a los pies descalzos, en montocito. ¡Qué espectáculo deplorable! El ser humano se devalúa mucho como Dios lo trajo al mundo y en tanta cantidad. Se le quita la ropa y se le quita de paso los signos. En fin, todas las estaturas, todas las contexturas, todos los colores, todos los tamaños, y en el aire un sentimiento penoso de incomodidad y pudor. Y para acabar de ajustar, el ridículo: que lo que la santa madre naturaleza hizo para mirar al cielo, mirara al suelo... Verdaderamente y de veras lamentable.

Dos filas se formaron: una larga, pero larga, larga, larga, de los que no tenían impedimento, y otra corta, corta, de los que sí. "¿En cuál me haría?", pensé. En la corta, claro, no iba a pasarme un año entero de servicio militar oyendo rebuznar los burros. Así que en la corta me formé, El cabito nos fue revisando uno a uno, inquiriendo aspereza, insolencia, con su voz chillona: ¿Usted qué tiene? ¿Qué alega? Uno sufría ataques de epilepsia, otro era hijo único, otro tenía la columna vertebral coja, otro no veía de aquí allá. Y así de pregunta en respuesta el implacable cabito llegó hasta mí. "¿Y a usted qué le pasa, qué tiene?", preguntó. "Yo soy guerrillero, mi general". contesté. Un bofetón sonó sobre la carcajada unánime. Me tambaleé mientras adentro, en mi pensamiento, vibró una infinidad de personas. Bajo los incontables armónicos mi oído absoluto reconoció el acorde: "¡Tónica!" "¡Do mayor!". Luego, pensando en Pablo Escobar añadí: "Además, en una guerra con el noticiero Criptón jamás empuñaría un arma contra un periodista de allí, porque si el noticiero de ellos es un noticiero roñoso, el Noticiero Nacional lo es mucho más.

Y a obedecer, rebaño.

Empezó el discurso del sargento, un sargento muy mierda, un sargento totalmente duro de tratar:

"Soy el Sargento de Artillería Hartman, vuestro instructor jefe. A partir de ahora, únicamente hablaréis cuando se os hable. Y la primera y la última palabra que saldrá de vuestros sucios picos será "Señor", ¿Me entendéis bien, capullos?
-Señor, sí, señor
-Qué coño, no os oigo. Gritad como si tuviérais huevos.
-¡Señor, sí, señor!
-Si alguno de vosotros, nenas, sale de esta isla, si sobrevivís al entrenamiento, seréis como armas, ministros de la muerte, siempre en busca de la guerra. Pero hasta ese día sois una cagada, lo más bajo y despreciable de la Tierra. Ni siquiera algo que se parezca a un ser humano. Sólo sois una cuadrilla de gonorreas, una panda de mierdas inútiles pasados por agua. Como soy muy duro sé que no voy a gustaros. Pero cuanto peor os caiga mejor aprenderéis. Soy duro pero soy justo. Y aquí no hay ninguna intolerancia racial. Yo no desprecio a nadie porque sea negro, judío, latino o chicano. Aquí todos sois igual de insignificantes. Y mis órdenes son acabar con todos aquellos que no sean capaces de dar la talla en mi amado cuerpo. ¿Me entendéis, capullos? Señor, sí, señor
Coño, más alto, no os oigo.
¡Señor, sí, señor!

Va el sargento Hartman a preguntarle al recluta Brown, al que pusieron Copo de Nieve por su físico.

¿Cómo te llamas, pichafloja?
-¡Señor, recluta Brown, señor!
-Desde ahora te llamas recluta Copo de Nieve. ¿Te gusta el nombre?
-¡Señor, sí, señor!
-Pues te voy a decir una cosa que no te va a gustar, copo de Nieve. Aquí, en mi cantina, no vas a poder comer todos los días pollo frito y sandía.
-¡Señor, sí, señor!

En cierta ocasión, se escucha al Recluta Burlón, compañero de batallón, a quien le debo cosas aprendidas en la milicia, susurrar: "¿Eres tú John Wayne, o lo soy yo?"

Enfurecido, el sargento grita: "¿QUIÉN HA DICHO ESO? ¿QUIÉN GONORREA LO HA DICHO! ¿DÓNDE ESTÁ ESE COMUNISTA DE MIERDA? ¡La maricona soplapollas que acaba de firmar su puta sentencia de muerte! ¿Nadie, eh? Por lo visto ha sido la puta de los bares. Os voy a triturar. Váis a hacer ejercicio hasta reventar. Váis a hacer instrucción hasta que se os quede el hijueputa culo como mantequilla. ¿Has sido tú, carechimba rata asquerosa? ¿Eh?
-¡Señor, no, señor!
-Eres un cagado, y pareces un gusano inmundo, pirobo, ¡juro que fuiste tú!
-¡Señor, no señor!

El recluta Burlón confesó: "¡Señor, fui yo, señor!"
Vaya, no me jodas... ¿qué tenemos aquí? ¿Un jodido bromista, un bufón? Admiro tu honradez. ¡Sí, coño, me gustas tanto que te invito a mi casa a tirarte a mi hermana!

En este preciso momento, el sargento le pega un sipote guarapazo al recluta Burlón, como nunca lo había dado.

¡Sólo eres un pichafloja! ¡Me quedo con tu nombre y me quedo contigo! ¡No te vas a reír ni vas a llorar, maricón! ¡Vas a aprender de carrerilla! ¡Yo te voy a enseñar! ¡Y ahora, levanta! ¡Ponte en pie! Mejor será que no me encabrones, malparido, porque sino te abro la cabeza y te follo hasta el hígado, malparido.
-¡Señor, sí, señor!
-¿Recluta Burlón, para qué te alistaste en mi amado cuerpo?
-¡Señor, para matar, señor! -
¿Te gusta matar?
-¡Señor, sí, señor!
-¡A ver! ¡Pon cara de pelea!
-¿Señor?
-¿Es eso cara de pelea? AAAAGHHH ¡Esto sí es cara de pelea! ¡Venga, pon cara de pelea, hijueputa!
-¡AAAAAH!
-¡Puta mierda! No me convences. ¡Pon cara de pelea de verdad!
-¡AAAAAAGHHH!
-No me das miedo, sígue con ello
-¡Señor, sí, señor!

Va el Sargento Hartman donde el Recluta Cowboy, y le pregunta:

-¿Cuál es tu excusa?
-¡Señor, excusa de qué, señor!
-¡Yo soy el único que hace preguntas aquí! ¿Lo entiendes, recluta?
-¡Señor, sí, señor!
-Te lo agradezco mucho, basura. ¿Ahora me dejas continuar?
-¡Señor, sí, señor!
-¿Qué te pasa? ¿Estás nervioso?
-¡Señor, lo estoy, señor!
-¿Te pongo yo nervioso?
-Señor...
-¿Señor qué? ¡Estabas apunto de llamarme gilipollas, malparido!
-¡Señor, no, señor!
-¿Cuánto mides, recluta?
-¡Señor, 1.80, señor!
-Ay, hijueputa, sabía que una mierda podía ser tan alta. ¿Quieres meterme unos centímetros de clavo? ¿Eh?
-¡Señor, no, señor!
-¡Chorradas! Me parece que la leche de tu padre entró por la chimba de tu mamá y acabó como una manchita marrón en la sábana. ¡Te han tomado el pelo! ¿Y de dónde hijueputa mierda eres, recluta?
-¡Señor, de Envigado, señor!
-¡No me jodas! ¡En Envigado solo hay vacas, cacorros y maricones recluta cowboy, y tú no te pareces mucho a una vaca, así que ya sabemos lo que eres! ¿Te gusta mamar pollas?
-¡Señor, no, señor!
-¿No te tragas los rabos?
-¡Señor, no, señor! -
Tú debes ser de esos tipos desagradecidos que cuando están dando por el culo no tienen ni el detalle de hacerle una paja al otro. No te perderé de vista.

Pronto este tonto sargento fue donde mí. Me empezó a interrogar por medio de la tempestad.

¿A tus padres les queda algún hijo vivo?
-¡Señor, sí, señor!
-Seguro que están arrepentidos. Eres tan feo que podrías estar en un museo de arte moderno. ¿Cómo te llamas, gordo de puta mierda?
-¡Señor, Gabriel Villalobos, señor!
-¿Villalobos? ¿Villalobos de qué? ¿Héitor Villalobos?
-¡Señor, no, señor!
-Ese nombre me suena a realeza. ¿Eres tú de la casa real?
-¡Señor, no, señor!
-¿Te gusta culear con putas y mamar pollas?
-¡Señor, no, señor!
-¡Tú chuparías hasta una pelota de golf metida en una manguera, malparido!
-¡Señor, no, señor!
-¡No me gusta lo de Villalobos! ¡Sólo los maricones y los marineros se llaman Villalobos! ¡Desde hoy serás el recluta Pyle!
-¡Señor, sí, señor! -¿Te parezco un listillo, recluta Pyle? ¿Te parezco gracioso?
-¡Señor, no, señor!
-¡Entonces borra esa sonrisita tan cacorra de tu puta cara!
-¡Señor, sí, señor!
-¿A qué chimbo estás esperando, corazón?
-¡Señor, lo intento, señor!
-¡Recluta Pyle! ¡Te doy tres segundos! ¡Exactamente tres puñeteros e maricones segundos para que borres esa estúpida y gonorrea sonrisa de tu cara, sino quieres que te saque los ojos y empiece a correrme en tu mollera, perro hijueputa! ¡Uno, dos, tres...
-¡Señor, no puedo, señor!
-Puta mierda. Ponte de rodillas, pichafloja. ¡Ahora ahógate! ¡No me jodas, con mi mano, careculo! ¡No tires de mi mano hacia ti! ¡He dicho que te ahogues, no que te ahogue yo! ¡Venga, ven hacia aquí y ahógate!

El sargento siguió ahogándome, y ahogándome, hasta que...

¿Has acabado ya de sonreír?
-Señor, sí, señor
- Más alto, güevón, no te oigo -
Señor, sí, señor.
-Sigo sin oírte. ¡Grita como si tuvieras dos güevas, maricón!
-¡Señor, sí, señor!
-Así está bien, ponte en pie. ¡Recluta Pyle! ¡Quiero que pierdas el culo hasta que cagues pepitas de oro sobre mi cabeza! ¡Y si no lo haces te voy a joder vivo!
-¡Señor, sí, señor!

¡Este es mi rifle, y es mi fusil, con él yo disparo y con él jodo a mil!

martes, 18 de septiembre de 2007

Mi pasión por el narcotráfico

Fue una maricada ejercer el periodismo. Yo, hasta hice partícipe en el asesinato de Luis Carlos Galán y el de Álvaro Gómez Hurtado, antes debieron asesinarlos por maricones y por traidores a este puto país que nada ha dejado. Posdata, he visto morir al Mexicano Rodríguez Gacha, y esto es como un mamonazo, como un baldado de agua fría que le dan al individuo que se acaba de despertar totalmente acalorado del sueño que había pasado. Ver morir a un amigo como el Mexicano es como ver la tragedia de Armero aquel desgraciado e hijueputa 13 de noviembre de 1985, gracias a Dios no he pasado tan grande e infausta tragedia.

A estas horas, dos de la mañana de martes 13, día del marinero, que aquí no hay, La Quinta Porra rebota de bote en bote: putas, camajanes, malhechores, cuchilleros, bandoleros, maricones, expresidiarios, algún alcalde de pueblo, algún inspector de barrio, Luis Pérez Gutiérrez,, y en el centro de la marejada, borracho y sin salvavidas, yo. ¿Qué van a tomar? -dice el dueño, Severiano, el responsable de esta monstruosidad.-Dos botellas de aguardiente -ordena Macario con infatuado vozarrón.

Aunque no trae revólver, manda como si lo trajera: como es diputado, si le disparan las balas rebotan contra la coraza de su inmunidad. Esta Quinta Porra, carajo, es un prodigio, arde en fuegos de artificio, tangos, mambos, tangos, pasodobles y guarachas, rumbas, danzones, boleros, aunque el traganíquel es una lástima, casi una calamidad: un armatoste de baquelita con los cristales rajados: tiroteado, acuchillado, lapidado? Lapidado, vaya, en las riñas habituales con botellas de cerveza pues piedras, como usted puede ver, aquí adentro no hay. Un verdadero mártir de nuestra felicidad: tiene los flancos rayados, la cara cortada, un ojo despanzurrado, pero el alma íntegra e íntegra la voz. Más aún, cada noche que pasa y mientras más anochece canta mejor. ¿Ahora qué está diciendo? “Ya lo verás que te voy a olvidar, que te voy a dejar y que no volveré? Ya lo verás que esta vida fatal que me has hecho llevar la tendrás tú también”. Ah sí, Leo Marini, un bolero. La gruesa aguja gira, la aguja, una puntilla, casi un clavo, casi un puñal que venden por gruesas en El Centavo Menos de Bello. La aguja gira y gira, pasa de surco en surco por el disco rayado, con su tosca punta roma acariciándolo, dándole la vuelta al mundo hasta morir en su centro. Entonces el brazo que la lleva se retira, se pliega, se levanta, vuelve al silencio y el silencio lo llenan un chocar de copas y un vocerío.-¿Cómo estás, Macario? -pregunto.-Divinamente bien.Ah, la vitrola de Severiano tiene otra bendita peculiaridad: se le echa, como a todos, una moneda de veinte por disco, pero como su mecanismo monetario no funciona (canta por amor, no por interés), Severiano debe ayudarlo a dar el paso inicial.-¿A cuál le echaste? -pregunta a gritos desde el fondo.

Malparidos recuerdos, recuerdos que nunca olvidaré. Hablemos, también, de Juan Carlos Ortiz Escobar, alias Cuchilla, y Juan Carlos Ramírez Abadía, alias Chupeta, muy amigos míos. Fueron muy astutos al esconderse de la ley, pero siempre los cogieron. También hablemos de Helmer Pacho Herrera, otro gran amigo mío, para colmo de males, cogido a tiros de improviso. Pacho Herrera, no sé dónde estás, pero te extrañaré.

martes, 11 de septiembre de 2007

Mi entrada al comercio ilegal

Después de decir estas cosas, yo era entoces copero de los hermanos Rodríguez Orejuela. Esta gente fue muy amable conmigo y, mucho les tengo que agradecer a estos dos señores. Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela. De ustedes, y a su lado, aprendí a traficar con coca. Gracias hermanos Rodríguez Orejuela.

El otro día estuve con el Padre Chucho en Manrique. Cierto día se me acercaron dos putas, y el Padre Chucho prefirió ir a la iglesia de Manrique antes que irse conmigo a aquel puteadero de aquella localidad que llamaban Lovaina. En aquel entonces el gobernador era el entonces presidente Álvaro Uribe Vélez. Al ver que me citaron alias Chupeta y alias Cuchilla hacia un sitio clandestino conocido como "El Tirano", vi que exportaban cocaína hacia los Estados Unidos y Europa, y me animé a ir. Acompañado por las Autodefensas Unidas de Colombia, las AUC, los paramilitares me conducieron hacia la oficina de alias Rasguño, y yo les dije: "Yo le he cocinado a Carromato, usted lo conoce. También al Mexicano". Y Rasguño conoció mis anexos con la guerrilla y el narcotráfico, que me dejó entrar a su cuartel a exportar cocaína hacia los países más desarrollados del mundo. Y bien, yo les agradezco como un hijueputa.

Mis vínculos con el narcotráfico

El narcotráfico fue mi pasión. Además de reportar en el Noticiero Nacional, también tuve vínculos con la guerrilla y los narcotraficantes. Pero, al renunciar a las noticias, me mandaron con un galpón inmenso de muchachos del sur de Bogotá, Fontibón, Chapinero, Soacha y Ciudad Bolívar a prestar el servicio militar. Hubo una fila larga y una fila corta, la fila larga era la de los adaptados al servicio militar, o sea, de los que servían para prestar el servicio militar, y la corta era la de los que no servían para el servicio. En el patio del batallón había un cabito arrogante (¿cuál no?) que con una voz chillona e inaguantable mandaba, dizque a formar, que firmes, que media vuelta, que saque pecho, que derecha, que ar, que fuera ropa. Pero, hubo un momento deplorable en que todos nos teníamos que quitar la ropa, y, el ser humano se devalúa mucho más en pelota. Y a obedecer, rebaño. Ese cabito iba preguntando y preguntando qué le pasa a uno, que qué le pasa al otro. En cuanto iba yo llegando hacia el cabito, ese cabito me gritó: "¿Y a usted qué le pasa, qué tiene?". Y yo le respondí: "Yo soy guerrillero, mi general". Al decir estas palabras, me dieron un sipote bofetazo el horrible, como núnca me lo habían dado en toda mi vida, y al unísono de una carcajada estridente en el batallón, pensé en mi primera comunión. Además, en una guerra con el noticiero Colombia 12:30 que manejaba Mauricio Arroyave nunca empuñaba un arma contra un periodista de aquel finado noticiero, porque si el de ellos es un noticiero roñoso, el Noticiero Nacional lo es mucho más.

Vestido y con libreta de reservista salí del abyecto cuartel, me entré a enrolar en las FARC, en ese entonces manejado por Nicolás Rodríguez Bautista, alias "Gabino". Me recibieron pues, con flores y gladiolos, allá me daba la vida tan hijueputa secuestrando gente, y qué va, es mejor secuestrar antes que dar reportes tan estúpidos en los noticieros. Hijo de la gran puta quien me vaya a denunciar ante los grupos guerrilleros. Además, en la guerrilla me han tratado bien, y eso a Usted, María Beatriz Echandía qué le importa.

Muerto Pablo Escobar, en 1996 me uní al clan de alias Cuchilla y de alias Chupeta. Cuando detuvieron a alias el Alacrán y a Phanor Arizabaleta Arzayús, grandes colegas míos, yo los tuve que suplir. Y, de paso, me advirtieron algunos traquetos: "Aquí nadie se puede fumar un hijueputa cigarrillo, porque a la puta mierda volamos todos". Es verdad, ¿y qué harías tú aburrido en la puta mierda, Chepe Santacruz? La otra noche soñé con Chepe Santacruz, alma bendita, lo mataron y lo crucificaron como a Jesucristo, he visto su cadáver, tendido en el suelo, hecho un culo, por dios, en pelota como lo estuve yo en el batallón... pero cubierto como Jesucristo, con una manta cubriendo sus partes nobles... Pero, cómo así que el Chepe Santacruz se fue guevonamente para el carajo, por Dios, por Marx, por Hitler, por Osama bin Laden, por Pablo Escobar, otro que vi morir, cuando era periodista fui a la morgue a comentar sobre su cadáver, me quedé cabezón cuando te mataron, hermano Pablo, Pablo, tú eras para mí como un hermano, me enseñaste el arte del narcotráfico, cómo comerciar con cocaína, heroína, éxtasis, bazuco, y me envicié gracias a ti, Pablo Escobar, te agradezco como un hijueputa.

lunes, 10 de septiembre de 2007

De las Farc

Las Farc son un estado social de derecho, como este puto país donde estoy. Estoy enrolado en la guerrilla de las Farc desde 2003. Desde ese momento hemos secuestrado y asesinado gente, ¿ qué más pueden decir, si yo, Gabriel Villalobos, reportero del desaparecido y antedicho Noticiero Nacional, estuviere con las Farc? No, qué va. Esta puta gente me tiene más mamado y peor dicho, más amariconado que, quisiera matar con una sola ahorcada a Aurelio Cheveronni, a quien le decimos ¡loro hijo de PUTA! Hijo de puta, eso son esos programitas tan maricas y tan estupidizadores que dan los sábados por la mañana, mejor hubiera sido que dieran un INFORME DE ÚLTIMA HORA con mi Presentación, puedo decir que bombardearon el Club del Nogal y ME PODRÍA DEMORAR MÁS DE LA CUENTA si yo estuviera en la escena de los hechos. Gracias AUC. Cuentan Ustedes con mi apoyo, Autodefensas Unidas de Colombia. Yo en vez de ser periodista, debería haberme enrolado en la guerrilla del M-19 y haber quemado ese Palacio de Justicia, ese espacio vacío donde el Estado se sienta a joder, a mentir, a robar y a estorbar. Por eso le dije al Noticiero Nacional: ¡RENUNCIO GUACAMOLE! Renuncio guacamole. Esa fue mi frase de renuncia, renuncia que a la vez es definitiva, y ya no volvería a informar a la puta gente. Estuve cansado del maniqueísmo que maneja el adefesio maligno de Adolfo Pérez y también estuve cansado de aguantar hasta a su puta madre. Hijo de la gran puta quien vaya a decirle a las Farc que yo fui periodista del canal RCN.

Capítulo 1. El comienzo de una rígida búsqueda del pensamiento

Yo era entonces reportero del desaparecido Noticiero Nacional que presentara la también extinta programadora Prego Televisión, que daban a eso de las 12:30 del mediodía. Ya era mi hora para codearme con periodistas de la talla de María Beatriz Echandía, Adolfo Pérez e Iván Mejía Martínez, ese viejito marica y chismoso de Bogotá a quien al escondido llamaban: "Iván Gemía" o "El Marrano Mono", por su pésima condición de hablar del fútbol. Yo no sé porqué mierdas se ponen a ver noticieros tan simplones como el chuzo donde fui a parar, por algo dejé el periodismo. Yo pues, ensimismado con mi idea de trabajar con las Farc, no pude por no tener valor, y eso sería un escándalo nacional y me meterían a la cárcel, entonces fui a parar al no tan amarillista Noticiero del naciente canal RCN. Ya bien, estoy enrolado en la guerrilla, no puse a decir cosas porque la gente sabe que soy un periodista y algunos compañeros desconfiarían de mí, entonces, les voy a contar dónde estoy.

Introducción

Mi historia es así. Tomémoslo como una conducta de entrada, sabiendo que no existe ninguna conducta de entrada. Nací en Medellín, soy, hasta ahora, un fracasado periodista de noticias de la televisión. Fui, sin pena ni gloria, un reporterillo del nefasto Noticiero Nacional, trabajé en el manido RCN, y, así, me fui relacionando con la gente. Actualmente vivo en los Estados Unidos, gracias a Dios y a Satanás, nadie me metió a la cárcel. Incluso pasé con el mismo miedo que Pablo Escobar, mi gran amigo, alma bendita, que en paz descanse. Todo se ve muy bonito desde acá. Aunque las condiciones laborales son buenas, el nivel del periodismo en español en los Estados Unidos no es bueno y comencé a sentirme frustrado. No supe qué hacer en los Estados Unidos, ni nada de estas cosas. Desde ese entonces dejé el periodismo, y así, trabajar con el narcotráfico, que pues, me siento muy contento.

Prefacio

Hola señores lectores. La verdad, les cuento, no pude publicar mis confesiones, pues bien, tienen un sentido totalmente xxx. Este bestseller tiene un lenguaje totalmente comprensivo, pero, lo recomiendo para adultos porque tiene un lenguaje sumamente duro, soez y por eso recomiendo mi libro para adultos. Se trata de un periodista de noticias que, al renunciar a un noticiero de televisión, confiesa su verdad diciendo esta frase: "RENUNCIO GUACAMOLE". Aquí cuenta todas sus conexiones con la guerrilla y el narcotráfico, sus odios, todas sus amarguras, etc. ¡Que tengan suerte y ojalá me apoyen!