Al decir verdad, no quise vivir en Estados Unidos. Sabrían lo de mi acometido y justo volvería extraditado a este país. Por eso dije que renunciaría guacamole al periodismo en general. Si supieran que yo fui un paramilitar activo, ¿me dejarían libre? No. Nadie en todo el mundo deja libre un guerrillero y más si vuelve a las andadas. Por eso renuncié. Para vivir con la guerrilla, con quienes me familiaricé en mis reportes que hice para el desaparecido Noticiero Nacional. Por eso, decidí renunciar, renunciar "guacamole".
Ampliemos este proceso sobre mi entrada a un lúgubre batallón donde no me iría bien, de ahí mis vínculos con los grupos guerrilleros, y ahí mismo me le fugué a los altos mandos para pasar de ilegal; Y así, Rodrigo Turbay Cote se queda sin continuación. Mi lugar de partida fue la Cuarta Brigada de Medellín, un batallón muy roñoso al que fui a parar, y desde ahí me mandaron a Tolemaida. Era un galpón inmenso de muchachos. Cientos, cientos de muchachos de Manrique, San Javier, Belencito Corazón, San Cristóbal, Aranjuez, Pedregal y Castilla, reclutas que nos presentábamos a ver si servíamos (o mejor, si no servíamos) para el servicio militar. Un cabito arrogante (cuál no) ordenaba a gritos con voz chillona: que firmes, que en marcha, que media vuelta, que saque pecho, que marchen, que ar, que esto, que lo otro, que fuerarropa. Y a obedecer, rebaño. A desvestirse todos poniendo la humilde ropa sobre el humilde piso frente a los pies descalzos, en montocito. ¡Qué espectáculo deplorable! El ser humano se devalúa mucho como Dios lo trajo al mundo y en tanta cantidad. Se le quita la ropa y se le quita de paso los signos. En fin, todas las estaturas, todas las contexturas, todos los colores, todos los tamaños, y en el aire un sentimiento penoso de incomodidad y pudor. Y para acabar de ajustar, el ridículo: que lo que la santa madre naturaleza hizo para mirar al cielo, mirara al suelo... Verdaderamente y de veras lamentable.
Dos filas se formaron: una larga, pero larga, larga, larga, de los que no tenían impedimento, y otra corta, corta, de los que sí. "¿En cuál me haría?", pensé. En la corta, claro, no iba a pasarme un año entero de servicio militar oyendo rebuznar los burros. Así que en la corta me formé, El cabito nos fue revisando uno a uno, inquiriendo aspereza, insolencia, con su voz chillona: ¿Usted qué tiene? ¿Qué alega? Uno sufría ataques de epilepsia, otro era hijo único, otro tenía la columna vertebral coja, otro no veía de aquí allá. Y así de pregunta en respuesta el implacable cabito llegó hasta mí. "¿Y a usted qué le pasa, qué tiene?", preguntó. "Yo soy guerrillero, mi general". contesté. Un bofetón sonó sobre la carcajada unánime. Me tambaleé mientras adentro, en mi pensamiento, vibró una infinidad de personas. Bajo los incontables armónicos mi oído absoluto reconoció el acorde: "¡Tónica!" "¡Do mayor!". Luego, pensando en Pablo Escobar añadí: "Además, en una guerra con el noticiero Criptón jamás empuñaría un arma contra un periodista de allí, porque si el noticiero de ellos es un noticiero roñoso, el Noticiero Nacional lo es mucho más.
Y a obedecer, rebaño.
Empezó el discurso del sargento, un sargento muy mierda, un sargento totalmente duro de tratar:
"Soy el Sargento de Artillería Hartman, vuestro instructor jefe. A partir de ahora, únicamente hablaréis cuando se os hable. Y la primera y la última palabra que saldrá de vuestros sucios picos será "Señor", ¿Me entendéis bien, capullos?
-Señor, sí, señor
-Qué coño, no os oigo. Gritad como si tuviérais huevos.
-¡Señor, sí, señor!
-Si alguno de vosotros, nenas, sale de esta isla, si sobrevivís al entrenamiento, seréis como armas, ministros de la muerte, siempre en busca de la guerra. Pero hasta ese día sois una cagada, lo más bajo y despreciable de la Tierra. Ni siquiera algo que se parezca a un ser humano. Sólo sois una cuadrilla de gonorreas, una panda de mierdas inútiles pasados por agua. Como soy muy duro sé que no voy a gustaros. Pero cuanto peor os caiga mejor aprenderéis. Soy duro pero soy justo. Y aquí no hay ninguna intolerancia racial. Yo no desprecio a nadie porque sea negro, judío, latino o chicano. Aquí todos sois igual de insignificantes. Y mis órdenes son acabar con todos aquellos que no sean capaces de dar la talla en mi amado cuerpo. ¿Me entendéis, capullos? Señor, sí, señor
Coño, más alto, no os oigo.
¡Señor, sí, señor!
Va el sargento Hartman a preguntarle al recluta Brown, al que pusieron Copo de Nieve por su físico.
¿Cómo te llamas, pichafloja?
-¡Señor, recluta Brown, señor!
-Desde ahora te llamas recluta Copo de Nieve. ¿Te gusta el nombre?
-¡Señor, sí, señor!
-Pues te voy a decir una cosa que no te va a gustar, copo de Nieve. Aquí, en mi cantina, no vas a poder comer todos los días pollo frito y sandía.
-¡Señor, sí, señor!
En cierta ocasión, se escucha al Recluta Burlón, compañero de batallón, a quien le debo cosas aprendidas en la milicia, susurrar: "¿Eres tú John Wayne, o lo soy yo?"
Enfurecido, el sargento grita: "¿QUIÉN HA DICHO ESO? ¿QUIÉN GONORREA LO HA DICHO! ¿DÓNDE ESTÁ ESE COMUNISTA DE MIERDA? ¡La maricona soplapollas que acaba de firmar su puta sentencia de muerte! ¿Nadie, eh? Por lo visto ha sido la puta de los bares. Os voy a triturar. Váis a hacer ejercicio hasta reventar. Váis a hacer instrucción hasta que se os quede el hijueputa culo como mantequilla. ¿Has sido tú, carechimba rata asquerosa? ¿Eh?
-¡Señor, no, señor!
-Eres un cagado, y pareces un gusano inmundo, pirobo, ¡juro que fuiste tú!
-¡Señor, no señor!
El recluta Burlón confesó: "¡Señor, fui yo, señor!"
Vaya, no me jodas... ¿qué tenemos aquí? ¿Un jodido bromista, un bufón? Admiro tu honradez. ¡Sí, coño, me gustas tanto que te invito a mi casa a tirarte a mi hermana!
En este preciso momento, el sargento le pega un sipote guarapazo al recluta Burlón, como nunca lo había dado.
¡Sólo eres un pichafloja! ¡Me quedo con tu nombre y me quedo contigo! ¡No te vas a reír ni vas a llorar, maricón! ¡Vas a aprender de carrerilla! ¡Yo te voy a enseñar! ¡Y ahora, levanta! ¡Ponte en pie! Mejor será que no me encabrones, malparido, porque sino te abro la cabeza y te follo hasta el hígado, malparido.
-¡Señor, sí, señor!
-¿Recluta Burlón, para qué te alistaste en mi amado cuerpo?
-¡Señor, para matar, señor! -
¿Te gusta matar?
-¡Señor, sí, señor!
-¡A ver! ¡Pon cara de pelea!
-¿Señor?
-¿Es eso cara de pelea? AAAAGHHH ¡Esto sí es cara de pelea! ¡Venga, pon cara de pelea, hijueputa!
-¡AAAAAH!
-¡Puta mierda! No me convences. ¡Pon cara de pelea de verdad!
-¡AAAAAAGHHH!
-No me das miedo, sígue con ello
-¡Señor, sí, señor!
Va el Sargento Hartman donde el Recluta Cowboy, y le pregunta:
-¿Cuál es tu excusa?
-¡Señor, excusa de qué, señor!
-¡Yo soy el único que hace preguntas aquí! ¿Lo entiendes, recluta?
-¡Señor, sí, señor!
-Te lo agradezco mucho, basura. ¿Ahora me dejas continuar?
-¡Señor, sí, señor!
-¿Qué te pasa? ¿Estás nervioso?
-¡Señor, lo estoy, señor!
-¿Te pongo yo nervioso?
-Señor...
-¿Señor qué? ¡Estabas apunto de llamarme gilipollas, malparido!
-¡Señor, no, señor!
-¿Cuánto mides, recluta?
-¡Señor, 1.80, señor!
-Ay, hijueputa, sabía que una mierda podía ser tan alta. ¿Quieres meterme unos centímetros de clavo? ¿Eh?
-¡Señor, no, señor!
-¡Chorradas! Me parece que la leche de tu padre entró por la chimba de tu mamá y acabó como una manchita marrón en la sábana. ¡Te han tomado el pelo! ¿Y de dónde hijueputa mierda eres, recluta?
-¡Señor, de Envigado, señor!
-¡No me jodas! ¡En Envigado solo hay vacas, cacorros y maricones recluta cowboy, y tú no te pareces mucho a una vaca, así que ya sabemos lo que eres! ¿Te gusta mamar pollas?
-¡Señor, no, señor!
-¿No te tragas los rabos?
-¡Señor, no, señor! -
Tú debes ser de esos tipos desagradecidos que cuando están dando por el culo no tienen ni el detalle de hacerle una paja al otro. No te perderé de vista.
Pronto este tonto sargento fue donde mí. Me empezó a interrogar por medio de la tempestad.
¿A tus padres les queda algún hijo vivo?
-¡Señor, sí, señor!
-Seguro que están arrepentidos. Eres tan feo que podrías estar en un museo de arte moderno. ¿Cómo te llamas, gordo de puta mierda?
-¡Señor, Gabriel Villalobos, señor!
-¿Villalobos? ¿Villalobos de qué? ¿Héitor Villalobos?
-¡Señor, no, señor!
-Ese nombre me suena a realeza. ¿Eres tú de la casa real?
-¡Señor, no, señor!
-¿Te gusta culear con putas y mamar pollas?
-¡Señor, no, señor!
-¡Tú chuparías hasta una pelota de golf metida en una manguera, malparido!
-¡Señor, no, señor!
-¡No me gusta lo de Villalobos! ¡Sólo los maricones y los marineros se llaman Villalobos! ¡Desde hoy serás el recluta Pyle!
-¡Señor, sí, señor! -¿Te parezco un listillo, recluta Pyle? ¿Te parezco gracioso?
-¡Señor, no, señor!
-¡Entonces borra esa sonrisita tan cacorra de tu puta cara!
-¡Señor, sí, señor!
-¿A qué chimbo estás esperando, corazón?
-¡Señor, lo intento, señor!
-¡Recluta Pyle! ¡Te doy tres segundos! ¡Exactamente tres puñeteros e maricones segundos para que borres esa estúpida y gonorrea sonrisa de tu cara, sino quieres que te saque los ojos y empiece a correrme en tu mollera, perro hijueputa! ¡Uno, dos, tres...
-¡Señor, no puedo, señor!
-Puta mierda. Ponte de rodillas, pichafloja. ¡Ahora ahógate! ¡No me jodas, con mi mano, careculo! ¡No tires de mi mano hacia ti! ¡He dicho que te ahogues, no que te ahogue yo! ¡Venga, ven hacia aquí y ahógate!
El sargento siguió ahogándome, y ahogándome, hasta que...
¿Has acabado ya de sonreír?
-Señor, sí, señor
- Más alto, güevón, no te oigo -
Señor, sí, señor.
-Sigo sin oírte. ¡Grita como si tuvieras dos güevas, maricón!
-¡Señor, sí, señor!
-Así está bien, ponte en pie. ¡Recluta Pyle! ¡Quiero que pierdas el culo hasta que cagues pepitas de oro sobre mi cabeza! ¡Y si no lo haces te voy a joder vivo!
-¡Señor, sí, señor!
¡Este es mi rifle, y es mi fusil, con él yo disparo y con él jodo a mil!
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario